Juan Miguel C. García
La sostenibilidad ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en un pilar estratégico de las corporaciones más avanzadas del siglo XXI. EY acaba de recibir un espaldarazo definitivo a su apuesta por la generación de impacto tangible al ser reconocida como la consultora más efectiva en este ámbito por el informe Green Quadrant 2026 de Verdantix. Este hito no solo valida su modelo de negocio, sino que también marca un punto de inflexión en cómo las empresas abordan los desafíos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). En un contexto donde los inversores exigen transparencia y los reguladores endurecen los requisitos, la capacidad de traducir la retórica sostenible en resultados concretos se ha convertido en la nueva moneda de cambio del sector.
El informe de Verdantix, referencia obligada para los tomadores de decisiones en sostenibilidad, destaca tres ejes fundamentales en el éxito de EY. En primer lugar, su enfoque basado en datos y tecnología. A diferencia de otras firmas que ofrecen soluciones genéricas, EY ha desarrollado plataformas propias de medición de impacto, como EY Carbon, que permiten a las empresas no solo cumplir con los estándares regulatorios, sino también optimizar sus operaciones en tiempo real. De hecho, según datos internos de la consultora, el 78% de sus clientes han reducido sus emisiones de carbono en al menos un 15% tras implementar estas herramientas. Cabe señalar que este enfoque cuantitativo contrasta con la vaguedad que aún predomina en el sector, donde muchas iniciativas se quedan en meras declaraciones de intenciones.
Asimismo, EY ha logrado diferenciarse mediante la creación de alianzas estratégicas con actores clave en el ecosistema de la sostenibilidad. Su colaboración con startups tecnológicas, universidades y organismos multilaterales ha permitido desarrollar soluciones innovadoras, como el programa EY Ripples, que conecta a grandes corporaciones con emprendedores sociales para escalar proyectos de alto impacto. En este sentido, la firma ha entendido que la sostenibilidad no es un área aislada, sino un vector transversal que debe integrarse en todas las líneas de negocio. No es casualidad que empresas como Unilever o Siemens hayan elegido a EY como socio estratégico para sus transformaciones ESG, un indicador de que el mercado premia la capacidad de ejecución sobre la mera consultoría teórica.
Sin embargo, el verdadero valor de este reconocimiento radica en su capacidad para acelerar una tendencia que ya era imparable. Los inversores institucionales, cada vez más exigentes, están condicionando el acceso a capital a la demostración de avances tangibles en sostenibilidad. BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, ha advertido que a partir de 2027 solo invertirá en empresas con planes ESG verificables y resultados auditados. En este escenario, EY no solo se posiciona como un facilitador, sino como un habilitador de la transición hacia una economía baja en carbono. De hecho, su reciente alianza con el Pacto Mundial de las Naciones Unidas para lanzar una herramienta de reporte estandarizado de sostenibilidad podría convertirse en un estándar de facto para las empresas cotizadas.
Pero el camino no está exento de desafíos. La creciente presión regulatoria, especialmente en Europa con la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), exige a las empresas un nivel de transparencia sin precedentes. Aquí, EY ha sabido anticiparse, desarrollando metodologías de auditoría ESG que van más allá del cumplimiento normativo para ofrecer insights accionables. Por ejemplo, su trabajo con el sector energético ha permitido a compañías como Iberdrola no solo reducir su huella de carbono, sino también identificar oportunidades de negocio en la transición verde, como la producción de hidrógeno verde. Este enfoque holístico, que combina rigor técnico con visión estratégica, es lo que ha llevado a Verdantix a situar a EY por encima de competidores como Deloitte o PwC en su último informe.
Mirando hacia el futuro, el liderazgo de EY en sostenibilidad plantea preguntas incómodas para el resto del sector. ¿Están las otras grandes consultoras preparadas para competir en un mercado donde la medición de impacto ya no es opcional? ¿Cómo afectará este reconocimiento a la guerra por el talento, en un momento en el que los profesionales jóvenes priorizan trabajar en empresas con propósito? Lo cierto es que el modelo de EY ha demostrado que la sostenibilidad no es un coste, sino una palanca de crecimiento. En un mundo donde los consumidores premian a las marcas responsables y los gobiernos endurecen las regulaciones, las empresas que no integren estos criterios en su ADN corren el riesgo de quedar obsoletas. El informe Green Quadrant 2026 no solo celebra los logros de EY, sino que también envía un mensaje claro: la era de la sostenibilidad como estrategia de marketing ha terminado; ha llegado el momento de los resultados.





