Francisco Verderas, director general Asociación @Aslan
Durante muchos años, la tecnología fue considerada una herramienta operativa en manos de los CIO y los equipos de sistemas y tecnología. Se asociaba únicamente a la conectividad, a las infraestructuras y a la capacidad de dotar a las organizaciones de soluciones que mejoraran su funcionamiento interno. Era y es algo esencial, e incluso crítico en algunas circunstancias, pero habitualmente situado fuera de los grandes debates estratégicos de la empresa. Hoy, esa realidad está cambiando por completo.
Nos encontramos en un momento donde la tecnología es capaz de redefinir cómo lideramos, optimizamos y competimos en cada área de la organización. Vivimos en un mundo marcado por la aceleración de la innovación digital, el auge de la Inteligencia Artificial (según datos de Eurostat, en 2025 un 20% de las empresas en Europa ya utilizaron tecnologías de IA), los cambios en las cadenas globales de suministro, el aumento de los ciberataques, la normativa y los crecientes retos geopolíticos. Así que la competitividad de las empresas depende más que nunca de su capacidad para integrar la tecnología en su estrategia de negocio.
La tecnología ha dejado de ser responsabilidad exclusiva del CIO para entrar de lleno en las salas de juntas y los comités de dirección. Empieza a ser un elemento determinante en la toma de decisiones corporativas. Prueba de ello es que los responsables de tecnología e innovación ocupan hoy un lugar cada vez más relevante dentro de sus organizaciones. Participan activamente en la definición de la estrategia de negocio y colaboran estrechamente con la dirección general.
Pero el verdadero cambio va incluso más allá. No se trata únicamente de que el CIO haya ganado presencia. Hablamos de que la alta dirección en su conjunto ha asumido que la digitalización es una responsabilidad compartida y un asunto prioritario para el futuro de sus corporaciones. La tecnología ha entrado definitivamente en los consejos de administración porque afecta a todos los ámbitos de la actividad empresarial: desde la productividad hasta la sostenibilidad, desde la experiencia de cliente hasta la gestión del talento, desde la innovación hasta la ciberseguridad. Precisamente a evitar ciberataques algunas empresas europeas destinan hoy un 9% del presupuesto de TI (datos de ENISA).
La evolución experimentada en los últimos años ilustra perfectamente esta transformación. En 2009 comenzábamos a hablar de conectividad como una gran oportunidad. La prioridad era garantizar que personas, empresas e instituciones pudieran acceder a las nuevas capacidades digitales que surgían entonces. Aquella visión, pionera para su tiempo, sentó las bases de una revolución mucho más profunda.
Hoy hablamos de ecosistemas digitales e industriales capaces de generar crecimiento económico, atraer inversión, fomentar la innovación y fortalecer la competitividad de un país. La conectividad continúa siendo importante y se ha convertido en el punto de partida de una realidad mucho más amplia en la que convergen Inteligencia Artificial, automatización, análisis de datos, computación avanzada, blockchain, IoT o ciberresiliencia, por poner tan solo algunos ejemplos.
Esta evolución ha propiciado también un cambio de enorme relevancia. Observamos una visión de ecosistema que acerca tecnología y negocio, que es capaz de sentar en un mismo espacio a la industria digital, el tejido empresarial y las instituciones para afrontar conjuntamente los grandes retos del nuevo escenario tecnológico y económico. El objetivo es que no existan compartimentos estancos, porque la competitividad se construye desde la colaboración, la innovación compartida y la capacidad de generar entornos donde el conocimiento se traduzca en valor económico y social.
Todo este liderazgo está convirtiendo la tecnología en una verdadera ventaja competitiva y en un factor clave de resiliencia. Las organizaciones más avanzadas integran la innovación de forma transversal, alineando procesos y cultura corporativa con los objetivos estratégicos. La digitalización es una palanca de competitividad y crecimiento, capaz de impulsar nuevos modelos de negocio, mejorar la eficiencia operativa y reforzar la capacidad de adaptación ante escenarios inciertos.
Por ello, resulta imprescindible reconocer el liderazgo de quienes están impulsando la adopción de tecnología y la innovación como parte central de la estrategia corporativa. Su visión está generando un impacto directo en la productividad y el posicionamiento de sus compañías.
La historia reciente nos demuestra que las empresas que incorporan la tecnología en sus decisiones estratégicas son las que mejor responden a los cambios del entorno. En un escenario definido por la velocidad de la innovación y por un aumento de la complejidad geopolítica y económica, las empresas deben transformarse para afrontar con éxito los retos actuales y futuros y reforzar su capacidad de competir.
La buena noticia es que ya no hablamos del futuro, sino de una realidad de hoy. La tecnología ha dejado de ser un asunto exclusivo de tecnólogos para convertirse en una prioridad también de la alta dirección. Y esa es la mejor señal de que estamos construyendo organizaciones más preparadas para crecer, innovar y liderar la economía digital de hoy y de mañana.



