Sergio Rodríguez, presidente de la Fundación Pfizer
Vivimos un momento en el que la economía global avanza impulsada por la digitalización, la Inteligencia Artificial y nuevos modelos productivos. En este contexto, la innovación en salud se ha consolidado como un motor esencial tanto para el bienestar social como para el crecimiento económico. La pandemia lo evidenció con claridad: la salud no se circunscribe sólo al ámbito clínico, sino que es un pilar central de la economía y del bienestar colectivo.
Hoy en día, la salud es un espacio donde convergen la ciencia y la tecnología, y aquí la innovación desempeña un papel decisivo. En la Fundación Pfizer entendemos esta innovación como motor del avance del sector salud desde tres grandes ejes: científico, tecnológico y social.
Innovación científica, motor del progreso biomédico
En salud, no hay innovación sin ciencia. La investigación biomédica es uno de los pilares sobre los que se construye no sólo el futuro del sistema sanitario, sino el futuro de las personas. La innovación científica salva vidas y por ello debemos situarla en el centro de las prioridades.
En este aspecto, nuestro país es líder europeo en ensayos clínicos. El año pasado España autorizó 962 ensayos clínicos con medicamentos, una cifra récord que nos sitúa como la nación líder europea con mayor número de ensayos autorizados, así como la que lo hace en una mayor diversidad de áreas terapéuticas, según datos del Registro Español de Estudios Clínicos. Nuestro país es referente en áreas clave como oncología, enfermedades raras, terapias avanzadas y medicamentos innovadores, campos que requieren de una alta especialización.
Este liderazgo se explica por un marco regulatorio ágil para los ensayos; una red hospitalaria de excelencia, con cerca de 1.000 centros que participan en investigación clínica; una buena colaboración público-privada; la alta participación y confianza de los pacientes; y una comunidad científica de enorme talento.
Además de esto, el valor socioeconómico que aportan los medicamentos es indudable. Según datos de la patronal Farmaindustria, cada euro adicional de gasto público en medicamentos y farmacias comunitarias genera casi cuatro euros de valor añadido en la economía. Otro informe realizado por la consultora AFI (Analistas Financieros Internacionales) sobre el valor socioeconómico de los medicamentos y el de la investigación y fabricación de fármacos en España señalaba que los cerca de 22.000 millones de euros de inversión pública en medicamentos en 2022 propiciaron un ahorro de 14.200 millones de euros en otras partidas presupuestarias.
Innovación y tecnología, una combinación imparable
Si la ciencia es el cimiento de la innovación, la tecnología es su gran acelerador. Las innovaciones tecnológicas aplicadas a la salud van a transformar el sistema sanitario.
La integración de tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial, los biomarcadores digitales o las plataformas de datos clínicos, permite mejorar la prevención, optimizar la gestión asistencial, agilizar los diagnósticos y favorecer el descubrimiento de nuevos fármacos, reduciendo los tiempos de I+D.
La IA está permitiendo pasar de un modelo reactivo a uno predictivo. En la gestión asistencial permite optimizar recursos y mejorar la eficiencia. Apps y herramientas personalizadas acompañan la salud del paciente, permiten una atención telemática de calidad y facilitan la monitorización remota, mejorando la adherencia al tratamiento y reduciendo hospitalizaciones.
Innovación social: transformar para las personas
Por todo lo anterior, está más que demostrado que la innovación en salud también es social. Las soluciones más eficaces nacen de comprender las necesidades reales de las personas, especialmente en un país con una población cada vez más envejecida y con una creciente prevalencia de enfermedades crónicas. En este sentido, el ecosistema de startups combina ciencia, tecnología y conocimiento, y puede aportar soluciones con impacto social en el sistema. Impulsar el emprendimiento en salud no sólo ayuda a crear tecnologías que mejoren nuestro día a día, sino que fortalece el tejido innovador, genera empleo cualificado y un alto valor añadido para el país.
En conclusión, el futuro de la salud será, necesariamente, un futuro donde la innovación tenga un papel protagonista. Para impulsarlo, debemos reforzar alianzas entre instituciones públicas, empresas, universidades y sociedad civil. Es imprescindible apostar por la ciencia y el talento investigador, e impulsar la incorporación de soluciones innovadoras en el sistema sanitario, garantizando siempre su accesibilidad y equidad para que tenga un impacto social.
En la Fundación Pfizer tenemos una visión clara: necesitamos un sistema sanitario donde la innovación científica, tecnológica y social sea su motor. La innovación no es una opción: es una necesidad estratégica. Y España está en una posición privilegiada para posicionarse con éxito en este impulso. Apostar por la innovación en salud es apostar por el futuro del país y de sus ciudadanos.




