Jaime Ávila, Director general de Recursos de Mercado
En abril de 2023, a colación de la famosa carta abierta “Pause Giant AI Experiments”, Elon Musk llamó la atención sobre la necesidad de una intervención urgente de los gobiernos y organismos internacionales, para paralizar temporalmente el desarrollo y el entrenamiento de los modelos de IA.
En diferentes entrevistas, Elon Musk advertía sobre el riesgo de "destrucción de la civilización". Un defensor a ultranza del libre mercado y la innovación, enemigo acérrimo del intervencionismo, hacía una excepción radical con la Inteligencia Artificial. “La velocidad a la que estamos aumentando la computación de la IA es exponencial, hiperexponencial”. Sostenía que las empresas de IA no podrían frenar por sí mismas, ya que sus consejos de administración están legalmente obligados a competir por el beneficio de los accionistas; “solo la regulación gubernamental podía detener la carrera”.
Junto a Musk, 30.000 firmantes se dirigían públicamente a todos los laboratorios de Inteligencia Artificial, solicitándoles una moratoria de seis meses para diseñar conjuntamente protocolos de seguridad estrictos y auditados. La ausencia de Sam Altman (CEO de OpenAI) y los líderes de Google DeepMind, quienes decidieron no firmar el documento, anticipaba lo que estaba a punto de ocurrir. OpenAI, Google y Microsoft ignoraron la petición de pausa y en su lugar aceleraron el lanzamiento de modelos más potentes, como GPT-4, Gemini y Claude 3, para tomar posiciones de ventaja ante posibles injerencias regulatorias.
Hasta entonces, Bing no había sido más que un competidor marginal que apenas arañaba un 3% de la cuota de mercado global de búsquedas, frente al 90% de Google. Sin embargo, la alianza multimillonaria de Microsoft con OpenAI cambió las reglas del juego repentinamente. Este acontecimiento, que en diciembre de 2022 provocó la declaración de un "Código Rojo" en el seno de Google, pretendía romper un statu quo que llevaba dos décadas intacto. El CEO de Microsoft, Satya Nadella, llegó a declarar abiertamente que quería "hacer bailar a Google", amenazando la fuente principal de ingresos de Mountain View.
Google entendió que para defender el núcleo de su negocio debía inyectar la IA generativa directamente en su página principal de búsqueda, lo que ha venido a transformar radicalmente la economía tradicional de Internet, al disparar las "búsquedas sin clic". Estudios recientes demuestran que el porcentaje de búsquedas en Google, que terminan sin un solo clic, ya alcanza aproximadamente el 68% y, cuando se activa el "Modo IA" avanzado, la pérdida de tráfico es aún más demoledora, nueve de cada diez búsquedas (93%) acaban sin que el usuario visite ninguna web.
Sin entrar a analizar los posibles escenarios regulatorios que se vislumbran, Google se encuentra atrapado en un dilema existencial. Por un lado, necesita evolucionar su buscador hacia un modelo conversacional, porque los usuarios demandan respuestas inmediatas y directas. Pero, por otro lado, destruir el tráfico de las webs tradicionales pone en riesgo el propio ecosistema que alimenta de datos su IA, al mismo tiempo que su contrastado modelo publicitario. Dos amenazas internas que requieren una gran transformación y que podrían terminar conduciéndole a un "suicidio digital".
En este contexto y para paliar el peligro de una “endogamia de datos”, en la que la IA se entrene o alimente con contenido generado por otras IA, Google está cambiando su enfoque. En lugar de indexar un Internet masivo y gratuito, está cerrando contratos privados con plataformas de contenidos y grandes grupos editoriales, para asegurarse datos exclusivos y reales de los que seguir aprendiendo.
Las páginas que van a resistir mejor el impacto son las de carácter comercial, los medios de información periodística contrastados, tanto actualidad y noticias de última hora como especializados en contenido de “ultra-nicho” y opinión de autor. Los análisis profundos, las columnas de opinión, las investigaciones periodísticas, reportajes, tribunas y entrevistas, retomarán toda la importancia que tuvieron en la formación de la opinión pública. Pero en esta nueva etapa será, en gran medida, de la mano de una IA que se alimentará de forma abierta o bajo pago de los datos que estos medios contrastados elaboran.
Las webs que se limitan a reproducir contenidos pagados simulando un trabajo periodístico o aquellas otros que se limitaban a reescribir contenidos generados por otros, sin aportar ningún valor real, están perdiendo toda su visibilidad de golpe. Se acabaron los “portalicos” o “portalucos”, los distribuidores de notas de prensa con publicación garantizada y los que viven de publicar rankings y comparativas con trasfondo comercial. Y si perduran, será por la necesidad de algunos de justificar un trabajo inexistente y la ignorancia o inmovilismo de otros para afrontar el cambio.



