María Paz Sastre
El objetivo de Fundación Moeve es trabajar para mejorar el bienestar general de la sociedad y contribuir a la recuperación del planeta desarrollando proyectos de impacto y continuidad.
Usted llegó a la Fundación Moeve en junio de 2023 con el mandato de reorientar la estrategia hacia la transición ecológica. ¿En qué punto se encuentra ese proceso de transformación?
El proceso se está consolidando a buen ritmo. La estrategia nació con la ambición de ser un agente impulsor de la transición ecológica justa, centrándonos en la recuperación de la biodiversidad, especialmente en humedales, y aplicando la innovación social como forma de trabajar, poniendo siempre a las personas en el centro. Hasta ahora hemos recuperado casi 60 hectáreas de humedales (26 de lámina de agua) que dan cobijo a más de 715 especies de animales y plantas, 85 de ellas amenazadas. En innovación social hemos impulsado 9 proyectos de impacto en transición ecológica, lanzado 4 informes nacionales a través del Observatorio de Transición Justa y colaborado en el diseño de la ciudad del futuro de Santa Cruz de Tenerife. Además, en el área de personas, colaboramos cada año con más de un centenar de entidades sociales, y hemos conseguido que el 30% de los profesionales de la compañía apoye nuestra labor social a través del voluntariado. Ya tenemos la vista puesta en el futuro. Queremos seguir aumentando el número de hectáreas restauradas en humedales, impulsar más proyectos de impacto para la transición ecológica, entender mejor cómo vive la sociedad la transición ecológica y reforzar nuestro apoyo y colaboración con entidades sociales.
La Fundación acaba de cerrar la tercera edición de sus premios con 340 candidaturas de España y Portugal. ¿Qué le dice ese dato sobre la madurez del ecosistema emprendedor sostenible en la Península Ibérica?
Hay mucho talento. Nos sigue impactando el nivel de las propuestas que recibimos y, sobre todo, el amplio abanico de soluciones creativas que aportan para afrontar los retos de la transición ecológica. Cada edición nos demuestra que existe un ecosistema emprendedor comprometido con generar un impacto positivo y transformar desafíos complejos en oportunidades. Este último año, por ejemplo, hemos recibido cerca de 340 candidaturas, 80 de Portugal, con proyectos centrados en ámbitos tan diversos como el acceso y la gestión del agua, la transición energética, la economía circular o la inclusión social. Son iniciativas que ya están ofreciendo respuestas concretas a problemas reales y que, además, inspiran a otras personas y organizaciones a avanzar en la misma dirección.
De entre los tres ejes de actuación de la Fundación -personas, biodiversidad e innovación social-, ¿cuál presenta hoy mayor urgencia y por qué?
Nuestro foco es la biodiversidad centrada en los humedales, un ámbito menos trabajado que otros y donde hace más falta actuar. Tanto para la Fundación como para Moeve, el agua dulce es una prioridad. Los humedales, cuando son ecosistemas sanos, tienen un valor incalculable para el bienestar de las personas. Al recuperar estos ecosistemas también estamos propiciando el bienestar social; tienen un impacto positivo en la salud, fomentan la sostenibilidad económica y resiliencia del territorio, amortiguan las sequías y protegen frente a las inundaciones. Además, la restauración de humedales es un proceso que requiere tiempo, planificación y trabajo continuado, pero cuyos beneficios se mantienen a medio y largo plazo, generando un impacto duradero. Y en cuanto a la innovación social, para nosotros es una forma de trabajar colaborativa, creando redes con otras entidades para multiplicar el impacto positivo de nuestros proyectos, más que un eje en el que debamos actuar con urgencia.
Los tres proyectos galardonados este año -DesaLIFE, Fortalece y Fruta Feia- abordan el agua y el desperdicio alimentario. ¿Obedece esa coincidencia temática a una tendencia del ecosistema o a los criterios del jurado?
Los Premios buscan apoyar proyectos innovadores, transformadores, de gran impacto, que promuevan de forma significativa y relevante la transición ecológica y que ayuden a las personas a tener una vida mejor. Es importante que los proyectos que se presentan puedan demostrar que ya están teniendo resultados y sean escalables. Los criterios de evaluación son públicos y es un proceso abierto y transparente. Es cierto que el jurado conoce bien la Fundación y sabe que nuestro propósito es conectar ecosistemas para mejorar la vida de las personas y nuestro futuro. Además, no entregamos los premios y nos olvidamos de los proyectos, sino que hacemos un seguimiento con mentorías. Así que, aunque hay temática preestablecida, sí vemos tendencias del ecosistema para favorecer la colaboración, el trabajo en red y la interconexión de las entidades ganadoras.
Más allá de la dotación de 120.000 euros, la Fundación ofrece mentoría y acompañamiento a los ganadores. ¿En qué consiste exactamente ese modelo de apoyo y cómo se mide su impacto real?
Las mentorías son el valor diferencial de los Premios. El acompañamiento empieza antes del fallo, ya que ofrecemos formación a los finalistas para preparar su pitch. El programa de mentorías posterior al premio es un acompañamiento experto orientado a ayudar a los ganadores a crecer, profesionalizarse y multiplicar su impacto, complementando la dotación económica y conectándolos con conocimiento, red y oportunidades. Los propios ganadores eligen qué tipo de mentorías desean recibir según sus retos. Medimos el impacto de forma indirecta, a través de la evolución y el resultado de los proyectos. Hacemos seguimiento de los beneficiarios, su impacto ambiental/social y su crecimiento. También medimos la capacidad de escalado que han logrado, expansión del proyecto, alianzas que se han conseguido a partir del Premio y la sostenibilidad del proyecto a largo plazo. Consideramos que la evolución positiva de los proyectos ganadores es un efecto atribuible, en parte, al mentoring.
Entrevista completa en la versión impresa.




