Francisco Javier Sastre Segovia, autor del libro "Que nadie piense por ti. Pensamiento crítico para todos".
Hay una pregunta que llevo haciéndome desde hace años y que, cuanto más tiempo pasa, más urgente me parece: ¿Cuántas de las ideas que defiendo hoy son realmente mías?
No es una pregunta cómoda; lo sé. Pero es precisamente la incomodidad lo que me llevó a escribir este libro.
Vivimos en una época en la que tenemos acceso a más información que cualquier generación anterior. Llevamos en el bolsillo una biblioteca infinita. Y, sin embargo, paradójicamente, pensamos cada vez menos por nosotros mismos. No porque seamos menos inteligentes, sino porque el entorno en el que vivimos no está diseñado para que pensemos; está diseñado para que reaccionemos.
Lo veo en las aulas, en las organizaciones, en las conversaciones de sobremesa, en los grupos de WhatsApp, en las redes sociales. Lo veo, y esto es quizás lo que más me preocupa, en personas brillantes y con una sólida formación. Personas que, sin darse cuenta, han delegado su pensamiento a otros. A un algoritmo. A un líder carismático. A la corriente dominante de su entorno profesional o social, etc.
Eso es lo que me ha empujado a escribir Que nadie piense por ti. Pensamiento crítico para todos (Ed. ESIC). Se trata de una especie de reivindicación; de protesta y posicionamiento frente a esta realidad.
No es un libro académico, aunque llevo años investigando sobre pensamiento crítico. No es un manual de técnicas, aunque incluye herramientas concretas y aplicables. Es, sobre todo, una defensa. Una defensa de la libertad de pensamiento como el derecho más fundamental que tenemos como seres humanos. El que está en la base de todos los demás.
Porque cuando dejamos de pensar por nosotros mismos, no sólo perdemos criterio. Perdemos autonomía. Y cuando perdemos autonomía, nos volvemos permeables a la manipulación. A la del poder político. A la del poder económico. A la del grupo al que pertenecemos y cuya aprobación necesitamos. A la de los medios que consumimos. A la del relato que alguien construyó para nosotros antes de que pudiéramos cuestionarlo.
La manipulación no siempre tiene cara de villano. A veces tiene cara de experto, de autoridad reconocida, de conocido que "solo quiere lo mejor para ti". A veces viene disfrazada de sentido común, de evidencia científica o de consenso social (si no, cómo se explicarían algunas cosas…). Y por eso es tan difícil de detectar y tan peligrosa. Algunos de esos “tramposos” habitan en nosotros mismos; en nuestro subconsciente. Se trata de los sesgos; tan silenciosos y sutiles como peligrosos. Y todos los tenemos, sin excepción. Se trata de identificarlos y gestionarlos.
Lo que propongo en este libro no es desconfiar de todo ni de todos. No es el escepticismo como postura vital. Esto nos volvería locos. Es algo más sutil y, en mi opinión, más valioso: desarrollar la capacidad de examinar las ideas antes de adoptarlas; de preguntarnos de dónde vienen; a quién benefician; qué asumen sin decirlo y qué intereses mueven a quien las formula. Cualquier paso que demos en esa dirección ya supone un avance.
En mis años de investigación he llegado a la convicción de que el pensamiento crítico, tal como se ha enseñado clásicamente, se queda corto. Es necesario, pero no suficiente. Por eso llevo tiempo trabajando en un concepto que es la base de mi primer libro y que he denominado pensamiento criético. Se trata de un pensamiento que no sólo analiza y cuestiona, sino que integra la dimensión ética, la consciencia del momento presente y la responsabilidad de las propias decisiones. Pensar bien no es sólo un ejercicio intelectual. Es también un compromiso moral con uno mismo y con los demás. Esta responsabilidad es la que nos exige, por el bien de todos, que analicemos y aportemos criterio antes de tomar cualquier decisión.
Este libro nace de esa convicción. Y está escrito para todos; no sólo para académicos o filósofos. Está escrito para el directivo que siente que en su organización se toman decisiones sin cuestionarlas; para el profesional que alguna vez ha callado una opinión porque no encajaba con la mayoría; para el ciudadano que sospecha que la realidad que le presentan no es toda la realidad o, cuanto menos, es una realidad “interesada”, para cualquier persona que alguna vez haya sentido que algo no cuadraba, pero no supo bien cómo articularlo.
El pensamiento crítico no es una habilidad de élite. No requiere una formación especial. Es una actitud. Una forma de relacionarse con el mundo. Y como toda actitud, se puede cultivar.
A lo largo del libro recorro los principales espacios en los que la libertad de pensamiento está en juego: el académico, el profesional, el social, el político, el deportivo, el mediático, etc. Incluso el de las excusas cómicas, como son los “titulillos”. Y en cada uno de ellos he tratado de identificar los mecanismos más habituales de control del pensamiento, no para generar paranoia, sino para desarrollar lo que yo llamo criterio propio: esa capacidad de tener una posición fundamentada, flexible, honesta y valiente sobre las cosas que importan.
He escrito este libro porque creo que el mundo funciona mejor cuando hay más personas capaces de pensar por sí mismas. Porque creo que las organizaciones son más sanas cuando se tolera el disenso bien fundamentado y se valora la pregunta incómoda. Porque creo que la democracia real requiere ciudadanos que no deleguen su juicio y su comportamiento.
Y porque creo, profundamente, que pensar es un acto de libertad y de valentía. Quizás el más importante de todos.
Que nadie piense por ti.




