Felipe Alonso
Quién dijo que no se podía disfrutar de actividades acuáticas en la Comunidad de Madrid, es alguien que no conocía la versatilidad de ocio que esta región del centro peninsular ofrece, y que se suman a sus vías pecuarias (senderismo y cicloturismo), arte, cultura, tradición, monumentos, gastronomía…
Moverse a vela por un embalse; remar deslizándose por el agua de un pantano con una piragua, o por un río; disfrutar en kayak, o dejarse caer por un barranco acompañando el agua de una chorrera, es posible.
Y es posible porque Madrid tiene ese algo “que no te esperas”. Ese algo que hace a esta región diferente, y que incita al visitante, a “buscarlo, vivirlo y disfrutarlo” pausadamente, poco a poco, sin prisas y dejando que corra el tiempo. Veinticuatro horas en la región no son suficientes.
Cierto que la Comunidad de Madrid no tiene costa marítima, pero a lo largo de sus 8.000 kilómetros de superficie cuenta con catorce embalses, pantanos, y con una serie de ríos que están dispuestos, a través de las actividades que desarrollan diferentes empresas de turismo activo, a permitir que exista una oferta combinada de agua y naturaleza.
No todos los embalses, pantanos o ríos, son navegables, y por ello desde las autoridades regionales se hace hincapié en cinco de ellos que combinan perfectamente esta actividad y que se encuentran en las cuencas del río Alberche, del Lozoya y del Guadalix.
El más famoso, el rey del turismo activo acuático es el Pantano de San Juan, único que permite el baño en sus playas con bandera azul, y donde reside el Real Club Náutico de Madrid, Escuela de vela. Surcar sus aguas a bordo de un barco, poder hacer esquí acuático, paddle surf, moto de agua… Todo es posible aquí, pero si olvidarse de otras posibilidades complementarias.
Tras la navegación, queda la cercanía de la población de San Martín de Valdeiglesias con su fértil valle que recorrer merced a los tramos de vía pecuaria que han formado parte de la Cañada Real Leonesa, o visitar el Castillo de la Coracera, y el Bosque Encantado. Claro, que también aprovechar su oferta gastronómica y el caldo de sus bodegas.
Muy cerca se encuentra Pelayos de la Presa, donde se ubica el embalse de Picadas. Aquí tras una jornada de piragüismo o kayak (el baño está prohibido como en el resto de los pantanos, solamente se permite en San Juan), que mejor remate que visitar el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, o la reserva animal próxima y hacer un safari.
Mas en el centro regional, el agua del río Guadalix origina el embalse de Pedrezuela, donde el viento suave que suele hacer acto de presencia todas las primaveras y veranos, permite desarrollar la práctica de la vela. Aquí existe un centro náutico donde poder aprender, y moverse también en windsurf, y en piragua. Y ojo, que, a pocos kilómetros, hay un complemento extraordinario, uno de los mejores pueblos medievales conservados del país, Buitrago del Lozoya, donde se une la tradición, la cultura, la gastronomía y el buen hacer de la Sierra Norte madrileña.
Al borde de la Sierra de Guadarrama se encuentra el embalse Pinilla, piragüismo, paddle surf, son las ofertas que el Madrid Activo Acuático ofrece aquí. Pero, como no sólo de ello se debe llenar el ocio del visitante, muy cerca se encuentra el Yacimiento del Calvero de la Higuera, donde se puede visitar la serie de actuaciones dedicadas al conocimiento de la estancia del Homo neanderthalensis en la comarca.
Por último, el gran embalse de Madrid, El Atazar, donde se ubican la Federación Madrileña de Piragüismo y la Federación Madrileña de Remo. Aquí no hay que decir quiénes son los reyes y reinas del disfrute de la actividad acuosa. En su entorno, existen numerosos senderos pecuarios, parte de la Cañada Real Segoviana, y se puede visitar también la Atalaya que desde el cerro que ocupa permite comprender el porqué allí la construyeron el siglo X los musulmanes para vigilar los movimientos cristianos de la vertiente sur de Somosierra.
Pero, claro, los ríos también cuentan en esta actividad. El Tajo en Aranjuez con sus piraguas. Quien no va a visitar después su palacio y sus jardines. El Jarama en Talamanca del Jarama, con sus murallas. La Chorrera de Litueros en Somosierra donde dejarse caer por el barranco cuya agua va a dar origen al rio Duratón…
Madrid es sorprendente, activa, con ese encanto que “no te esperas” y que te hace querer aprovechar el tiempo y el espacio, disfrutando de la red de alojamientos rurales con encanto que se extienden por toda la Comunidad, porque 24 horas no bastan.





