Antonio Blanco
Ingecid nació en 2009 con una fuerte básica tecnológica y una estrecha conexión con el mundo de la investigación. Desde el principio estuvo claro que quería aplicar ese conocimiento a resolver problemas complejos y aportar valor real a los clientes.
¿Cómo describiría el punto de partida de Ingecid como spin-off de la Universidad de Cantabria y el camino recorrido hasta convertirse en una ingeniería con una sólida presencia internacional?
A lo largo de estos años hemos evolucionado incorporando nuevas capacidades, desarrollando tecnología propia y participando en proyectos cada vez más exigentes. Más que una historia de crecimiento en tamaño ha sido una evolución basada en el conocimiento, la innovación y la confianza que nuestros clientes han depositado en nosotros. La expansión internacional ha sido una consecuencia natural de esa especialización. Cuando desarrollas capacidades diferenciales, el mercado deja de tener fronteras. Hoy trabajamos en distintos países, colaboramos con organizaciones líderes y competimos con éxito en entornos muy exigentes. Y lo hacemos manteniendo nuestras raíces en Cantabria, demostrando que desde aquí es posible crear tecnología, liderar proyectos complejos y generar impacto a nivel global.
En su opinión, ¿qué elementos han resultado decisivos para que la compañía haya podido competir en sectores de tan elevada exigencia técnica como el nuclear o el energético?
Creo que lo primero es contar con un equipo humano excepcional. Puedes tener estrategia, tecnología y recursos, pero los desafíos complejos los resuelven personas con conocimiento profundo, criterio y capacidad para asumir responsabilidad. Después está la especialización. Nosotros no podemos competir con una gran multinacional haciendo exactamente lo mismo que ella. Tenemos que desarrollar capacidades diferenciales, ser más ágiles y aportar soluciones que generen valor donde la complejidad es especialmente elevada. Y hay otra cuestión que para mí es fundamental: la confianza. En sectores como el nuclear o defensa nadie te confía un problema crítico simplemente por una buena presentación comercial. La confianza se construye durante años, cumpliendo compromisos, respondiendo cuando surgen dificultades y demostrando fiabilidad cuando más importa.
¿Qué ventajas reales tienen para sus clientes y proyectos herramientas como el BIM, los gemelos digitales o la IA?
Siempre digo que la tecnología tiene que estar al servicio de la ingeniería y no al revés. La IA, el BIM o los gemelos digitales son herramientas extraordinarias, pero detrás tiene que haber alguien que entienda el problema real y sepa interpretar correctamente los resultados. En Ingecid tenemos esa combinación porque conviven ingenieros de estructuras, nuclear, energía o infraestructuras con desarrolladores, matemáticos y especialistas en nuevas tecnologías. Ahora estamos entrando en una etapa especialmente interesante. La IA nos permite analizar muchísimas alternativas y optimizar simultáneamente variables como coste, plazo, seguridad, comportamiento estructural o impacto ambiental. Pero la decisión final sigue necesitando criterio ingenieril. Para mí, el futuro está precisamente en esa combinación.
Si tuviera que señalar el proyecto que mejor representa la capacidad de Ingecid para resolver desafíos de alta complejidad, ¿cuál sería y por qué motivo?
Me costaría elegir uno. Tenemos proyectos de los que estamos especialmente orgullosos, pero probablemente los relacionados con la gestión del combustible nuclear gastado y el desmantelamiento representan muy bien lo que somos. Son trabajos donde se combinan ingeniería, estructuras, seguridad, planificación, gestión de información y tecnología, y donde además el nivel de exigencia es altísimo. No hay espacio para improvisaciones ni errores. También me gustan porque nos han obligado a evolucionar. No nos hemos limitado a realizar cálculos o documentos de ingeniería; hemos desarrollado herramientas, metodologías y soluciones propias para resolver problemas que antes se abordaban de una manera mucho más manual.
¿Qué papel desempeña la investigación y el desarrollo dentro de la estrategia de Ingecid, y cómo se transforman en capacidades diferenciales y soluciones de valor para sus clientes?
La I+D está en el ADN de Ingecid y sigue formando parte de nuestra manera de pensar. Pero intento que no confundamos innovación con hacer proyectos de investigación simplemente porque exista financiación para hacerlos. La I+D tiene sentido cuando genera conocimiento que después podemos transformar en soluciones con aplicación real. Hemos desarrollado patentes, software y soluciones propias, algunas de las cuales hoy forman parte de nuestra actividad habitual. Muchas veces hemos invertido en tecnologías cuando todavía no estaba claro que fueran a tener un mercado. Eso implica asumir riesgos, pero también es la forma de diferenciarse. Si empiezas a desarrollar una capacidad cuando todo el mundo ya sabe que es necesaria, probablemente llegas tarde.
¿Hasta qué punto considera que la innovación tecnológica constituye hoy un factor diferencial para competir con éxito en sectores como el nuclear, el eólico o la defensa?
Para nosotros es absolutamente estratégica. Pero innovar no es poner IA a todo ni utilizar la última tecnología porque esté de moda. Innovar es encontrar una forma mejor de hacer las cosas. Puede ser reducir dosis en una operación nuclear, optimizar un activo energético, automatizar un proceso que requería cientos de horas o simular escenarios para tomar mejores decisiones. Creo que la ingeniería va a cambiar muchísimo durante los próximos años. Muchas tareas que hoy consumen tiempo dejarán de aportar un valor diferencial. El valor estará cada vez más en entender bien los desafíos, tener criterio y utilizar toda esa capacidad tecnológica para encontrar soluciones mejores.
Entrevista completa en la versión impresa.




