Felipe Delgado
“Nuestra razón de ser es el fomento de las relaciones entre España y China y, de manera muy especial, contribuir a que la sociedad española conozca la realidad de la China del siglo XXI. Nuestro propósito es estrechar las relaciones bilaterales desde el conocimiento, el diálogo y el respeto. China es uno de los grandes actores del siglo XXI y España no puede permitirse vivir de espaldas a esta realidad. Cátedra China nació de esta convicción de la mano de Marcelo Muñoz, que entendió hace décadas que para relacionarse con China hay que conocerla, y que no se puede construir una relación sólida sobre estereotipos, prejuicios o lecturas exclusivamente geopolíticas. Entendemos, además, que las relaciones entre España y China deben ser una cuestión de Estado, por encima de intereses partidistas o coyunturas electorales. Compartimos una concepción profundamente multilateral de las relaciones internacionales: la paz se construye mediante el diálogo, la cooperación, el comercio y el conocimiento mutuo. La cooperación no tiene por qué ser un juego de suma cero. Hay otra posibilidad: que ambos países encuentren ámbitos de prosperidad compartida. Ese es precisamente el espacio que queremos ocupar: el de quienes construyen puentes cuando otros parecen empeñados en levantar fronteras”. Así explica Marta Montoro Carrión, presidenta ejecutiva de la Fundación Cátedra China, el propósito de la misma.
Siendo consciente de que asumió la presidencia ejecutiva en febrero de 2026, ¿qué balance realiza de estos primeros meses al frente de la institución?
Han sido meses intensos y muy importantes para mí. He tenido, además, la enorme fortuna de sentirme profundamente arropada por Marcelo Muñoz, Embajador de Amistad del Pueblo Chino, una de las personas españolas que mejor ha sabido conocer, comprender y acompañar la transformación de China durante las últimas décadas. Estos meses han estado marcados por una actividad muy intensa tanto en España como en China y por una voluntad clara: consolidar a la Fundación como institución de referencia en el diálogo entre ambos países y como espacio capaz de reunir a sensibilidades políticas, empresariales, académicas, culturales y sociales diferentes. Uno de los hitos que más satisfacción me produce es que nuestra experiencia esté siendo observada y estudiada por la Escuela del Comité Central del Partido Comunista de China en Beijing. Lo interpreto también como un reconocimiento a España y a nuestra capacidad para construir una relación madura con China desde nuestra propia identidad. Mi objetivo no es construir una Fundación más grande, quiero construir una Fundación más influyente, más útil y más necesaria y, sobre todo, capaz de demostrar que el diálogo con China no solamente es posible, sino imprescindible.
¿Podría explicarnos por qué defienden que las relaciones con China deben situarse por encima de la confrontación partidista, y cómo logran mantener esa transversalidad en la práctica?
No es sencillo, especialmente en un momento político en el que casi todo parece susceptible de convertirse en motivo de confrontación. Pero precisamente por eso debemos intentarlo. El II Diálogo de Alcaldes España-China, celebrado el pasado mes de agosto en Yantai, nos ha abierto una puerta de esperanza. Allí hemos visto que es posible sentar en una misma mesa a representantes de diferentes partidos políticos españoles para hablar de cooperación con China desde una perspectiva institucional y constructiva. Hay una razón muy sencilla: los ciudadanos tienen problemas bastante parecidos independientemente del partido al que voten. Una ciudad necesita buenos servicios públicos, infraestructuras eficientes, movilidad sostenible, empleo, vivienda, digitalización y calidad de vida. En China ocurre exactamente lo mismo. ¿Conoce usted algún partido político español que no diga que quiere poner al ciudadano en el centro de la política? Yo todavía no lo he encontrado. Pues precisamente ahí tenemos un punto de encuentro. Desde la Fundación no pretendemos decirle a ningún partido qué debe pensar sobre China. Nuestra tarea es recordarles que China existe y que mantener una relación inteligente con ella forma parte de los intereses de España. Si la inversión china genera empleo, conocimiento, tecnología y prosperidad, el beneficio es para los ciudadanos.
¿Cuál es el principal obstáculo para que la sociedad española conozca mejor la realidad china contemporánea?
La desinformación. Y algo todavía más difícil de combatir: los prejuicios. Durante demasiado tiempo hemos conocido China a través de categorías construidas desde fuera de China. Una parte importante de la sociedad española continúa mirando al país con imágenes que pertenecen a otras épocas, mientras China ha cambiado a una velocidad extraordinaria. Seguimos condicionados por determinados marcos conceptuales de la política internacional. El Concepto Estratégico de Madrid de la OTAN de 2022 introdujo la consideración de China como un “rival sistémico”, una definición que, a mi juicio, merece ser revisada a la luz de la evolución del mundo y de la propia relación entre Europa, España y China. Hay que volver a mirar a China, comprender su historia, su cultura, su pensamiento político, su modelo económico, sus transformaciones sociales y también sus contradicciones. Hay algo que deberíamos preguntarnos: ¿cuánto sabemos realmente de China y cuánto creemos saber porque alguien nos ha contado cómo debemos interpretarla? Ni China es el país monolítico que a veces describimos desde Occidente, ni los chinos están esperando una oportunidad para “comerse” a nadie. Ha llegado el momento de hacer un esfuerzo real por comprenderla desde sus propias categorías.
Entrevista completa en la versión impresa.




