Fernando Ramos
Abante cerró 2025 con más de 13.000 millones de euros en activos gestionados y ha formalizado ya la integración con atl Capital. Su directora general, Gadea de la Viuda Villanueva explica el balance que hace de este proceso.
Háblenos de la integración de atl Capital.
Hacemos un balance positivo. La integración con atl Capital no ha sido una operación de tamaño por el tamaño. Responde a una convicción compartida sobre cómo debe hacerse asesoramiento financiero independiente. Las cifras son relevantes, pero siempre conviene analizarlas con cierta humildad. Intento fijarme en indicadores menos coyunturales: si estamos ayudando mejor a nuestros clientes a tomar decisiones importantes, si prestamos un mejor servicio, si incorporamos buenos profesionales y si mantenemos nuestra cultura mientras seguimos creciendo. Además, esta integración coincide con otro hito muy importante para nosotros: el lanzamiento de la nueva marca bajo la que ya trabajan todos los proyectos que hemos ido incorporando y construyendo en los últimos años. Queremos ganar escala sin perder identidad. Ese es el verdadero desafío.
¿Cómo está afrontando Abante la incorporación de los socios y equipos procedentes de atl Capital sin que ello diluya la cultura de partnership que ha caracterizado a la firma desde su fundación?
La cultura es probablemente el activo más importante que tiene una entidad como la nuestra. Los procesos pueden copiarse, la tecnología puede comprarse y los productos financieros tienden a parecerse cada vez más. Lo verdaderamente difícil de replicar es una forma compartida de entender el proyecto. Siempre he pensado que la cultura es el verdadero pegamento de un partnership. Es lo que permite que personas con trayectorias distintas, responsabilidades diferentes e incluso opiniones diversas trabajen juntas con una visión común de largo plazo. La verdadera integración ocurre cuando las personas comparten una misma forma de tomar decisiones, de relacionarse con los clientes y de compartir valores y propósito. La estrategia marca el rumbo, pero es la cultura la que determina hasta dónde puedes llegar. Precisamente por eso la integración con atl Capital tenía tanto sentido. Más allá de las cifras, existía afinidad en la forma de entender la profesión. Nuestro objetivo nunca ha sido sumar compañías, sino construir una única compañía.
¿Cabría esperar nuevas operaciones corporativas o adquisiciones en un futuro próximo, o el foco de la entidad se concentrará ahora en consolidar lo ya integrado?
Nuestra prioridad inmediata es consolidar bien lo que ya hemos incorporado. Dicho esto, creemos que el proceso de consolidación del sector va a continuar y seguiremos atentos a oportunidades que puedan tener sentido estratégico. No buscamos crecimiento por crecimiento. Queremos proyectos con los que compartamos filosofía y que aporten algo que refuerce nuestra propuesta: personas, presencia geográfica, especialización o nuevas capacidades para servir mejor a nuestros clientes. En nuestro sector, la afinidad cultural es tan importante como la lógica económica. Incluso diría que, a largo plazo, es más determinante. Puedes cerrar una operación brillante sobre el papel, pero si las culturas no encajan, el proyecto acaba perdiendo fuerza.
¿De qué manera está incorporando Abante la IA a su modelo de negocio y qué transformaciones considera que traerá esta tecnología a las organizaciones en los próximos años?
La Inteligencia Artificial nos obliga a trabajar en tres planos distintos y al mismo tiempo, y eso exige una enorme dedicación, recursos y capacidad de adaptación. El primero, es el negocio actual: seguir atendiendo a nuestros clientes, seguir creciendo y seguir desarrollando el proyecto con la misma exigencia de siempre. El segundo, consiste en mejorar continuamente el modelo que ya tenemos. Para ello, hemos puesto en marcha una Oficina de IA que trabaja de forma transversal para toda la organización. El tercer plano, es una reflexión profunda sobre cómo sería Abante si empezáramos hoy desde cero. En realidad, es el mismo ejercicio que hicimos en 2001 cuando fundamos la compañía con una hoja en blanco.
¿Existe el riesgo de que la automatización reste valor a la relación personal entre el asesor y el cliente, o entiende que, por el contrario, la tecnología permitirá dedicar más tiempo a esa cercanía?
El riesgo existe si se utiliza mal, es decir, si se emplea para sustituir la conversación en lugar de ampliarla. Nuestra apuesta es exactamente la contraria. Cuanto más tiempo nos libere la Inteligencia Artificial de tareas mecánicas, y en mejorar los procesos, más tiempo podrán dedicar nuestros asesores a entender el momento vital de cada cliente, sus preocupaciones, sus proyectos y las decisiones relevantes que tiene por delante. Uno de los cambios más profundos afecta precisamente a la figura del asesor financiero o del banquero privado. Durante décadas, una parte importante de su valor estaba vinculada al acceso a la información y a la capacidad de analizarla y hacerla accesible al cliente. Hoy muchas de esas capacidades se están democratizando. El asesor del futuro dedicará menos tiempo a recopilar información y más tiempo a interpretarla, contextualizarla y convertirla en decisiones. La conversación será menos transaccional y más estratégica; menos centrada en productos y más centrada en las personas. Precisamente por eso serán más importantes que nunca aquellas capacidades que nos hacen profundamente humanos: el criterio, la empatía, la escucha y la comprensión del contexto. El valor ya no estará tanto en disponer de información como en aportar criterio.
Entrevista completa en la versión impresa.




